Más que una técnica, el coaching es una herramienta de desarrollo y aprendizaje basada en el diálogo sincero. En definitiva, es una manera de ver la realidad empezando por uno mismo: observar, analizar, valorar, comparar y sacar conclusiones. Nosotros, los seres humanos, tendemos a actuar como si la manera en que percibimos el mundo que nos rodea se correspondiera al cien por cien con la realidad. Esto no es correcto ni posible, ya que todas nuestras percepciones están influenciadas por nuestra mentalidad, por creencias, valores, actitudes, emociones, personalidad, cultura y demás factores que constituyen nuestro mundo interior. Algunos de estos factores están fuera de nuestro control, pero podemos intervenir en algunos otros. Tenemos más control del que creemos sobre nuestros estados, nuestras creencias y nuestras actitudes: son la ventana por la que vemos la realidad; así pues, si provocamos un cambio en ellos, podemos modificar nuestras percepciones y maneras de ver la vida y el trabajo.
Cuando nos encontramos con un reto en nuestra vida diaria o cuando queremos alcanzar un objetivo, las suposiciones, los sentimientos y las actitudes pueden trabajar a nuestro favor o en nuestra contra. Unas creencias limitantes, rígidas, sesgadas o estrechas, y unas actitudes disfuncionales pueden distorsionar nuestro punto de vista, inhibirnos a la hora de actuar o provocar preocupaciones y angustias innecesarias. El coaching permite a los clientes explorar y retar las creencias y los juicios que alteran su percepción de la realidad, y entrenar y “seleccionar” las creencias y las actitudes que más les convengan. En otras palabras, el coaching ayuda a las personas a superar interferencias mentales y emocionales para poder así tomar mejores decisiones.